Al mal tiempo, buena cara...
Al mal tiempo, buena cara…
Por: Elsie Betancourt
En estos días de
recogimiento no encontraba tema para escribir, no me venía nada a la mente,
pero el papa Francisco me inspiró al oír apartes de su discurso previo al rezo
del Ángelus dominical en Roma, explicando que significa cargar una cruz
personal.
Hace miles de
años, Jesús cargó dolorosamente una cruz, la que creo que muchos seres humanos
de una forma u otra nos toca en algún momento de nuestra vida cargar: desde los
más ricos hasta los más pobres, desde los más viejos hasta los más jóvenes,
hombres, mujeres y hasta niños. Todos tenemos problemas, tristezas, enfermedades,
carencias de tipo afectivo o material y por mucho que uno no quiera, es difícil evitar cargar la
cruz que nos tocó en esta vida.
En la época de
los romanos, ésta era un instrumento de castigo muy cruel, reservado para el
sufrimiento de los peores criminales; producía una muerte muy lenta y era la
máxima humillación para un criminal. Sin embargo, la teología cristiana nos
dice que Cristo, el hijo de Dios cargó la cruz por amor a la humanidad.
Pienso que los
sufrimientos y las pérdidas que sufrimos no son porque somos “intrínsecamente”
malos, sino porque nos toca evolucionar en ciertos aspectos de nuestra vida. En algunos segmentos de nuestra reciente historia, vemos por ejemplo, que hubo personas que causaron mucho sufrimiento y
dolor especialmente a gente que no tenía porque padecerlos (época de Pablo
Escobar). Si bien es cierto que cosas malas y sufrimientos les pasa por igual a
gente buena y mala, es la oportunidad para replantearse la vida y ser una mejor
persona, porque la vida es bella y puede ser la única en el universo….hay que
disfrutar las cosas simples como una puesta de sol, luchar contra la adversidad,
brindar amor. Creo que muchos de nosotros no cambiaríamos ni por la más increíble
de las riquezas, la vida con los hijos, la pareja, los hermanos… y puede que
hasta con las mascotas. Porque lo que nos dan y lo que les ofrecemos es un
intercambio de afectos que no tiene precio.
Hoy, muchos cargan
pesadas cruces: lo hacen las mujeres
maltratadas y denigradas por sus parejas; los migrantes que encuentran cerradas
las puertas a una nueva oportunidad de vida, los ancianos que muchas veces bajo
el peso de los años y la soledad terminan sus días sin que haya familiares
alrededor. No podemos negar que conformamos una cultura de sustitución de
aquello que sufre desgaste o es “antiguo”; se va poniendo a un lado lo viejo o
se le echa a la basura. Mucho se oye hablar de reciclar –y eso está bien- pero
poco se oye de restaurar o cuidar. Puede que esta realidad consumista haga que
se trate a las personas, igual o peor que a los objetos, comenzando por la
gente mayor. No hay que perder de vista lo que nuestros padres hicieron por
nosotros desde que nos trajeron al mundo.
Las cruces
pueden ser grandes aliadas y tienen utilidad práctica. Éstas nos deben animar,
fortalecer y motivar para seguir batallando y “pa´echar para delante”, sabiendo
que no todo está perdido y que siempre seremos capaces de reír en el futuro de
lo que en el presente nos ha hecho llorar. Al mal tiempo buena cara y como dice
un proverbio inglés: “la mar calmada no hace buenos marineros”…
nerea6@yahoo.com
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